Libertad efectiva de elección

7 Jun

Días atras se ha producido un debate televisivo entre defensores de la vida en centros residenciales y defensores de la vida independiente con apoyo de asistentes personales. El debate estaba bien enfocado y se trató el asunto de un modo bastante correcto. Pero con todo, hay que admitir que el marketing de las residencias es muy potente. Decir que tiene a toda España en sus manos y que solo hay cuatro locos que actúan en contra de ellas no se aleja en demasía de la realidad.

En verdad, ambas situaciones son coherentes con los derechos (en principio). Sin embargo, sucede que la vida en instituciones segregadoras está tradicional y fuertemente arraigada en nuestro país,  de tal modo que cambiar de un modelo donde otros eligen por ti a uno en el que tú eliges por ti cuesta muchos sinsabores. Parece que aquí no hemos quedado anclados en políticas que fomentan la vida institucionalizada que fomenta la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de dependencia, más conocida como la ley de dependencia, y no hemos sabido o querido pasar al modelo social que propugna la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Hablar de que la vida independiente basada en el apoyo prestado por la asistencia personal se me antoja lo correcto, no debería ni siquiera hacer falta entrar a especificar que dicha asistencia personal es más rentable económica y socialmente que la vida desarrollada en uno de estos centros. Sobra decir, de tantas veces que se ha repetido, que la asistencia personal resulta más barata, crea más puestos de trabajo, es más sostenible, fomenta la libertad y su periodo de implantación es inmediato frente a la larga espera que supone la construcción de un edificio que albergue a numerosas personas.

Lo que ocurre es que no se fomenta ni promueve la asistencia personal con la misma fuerza que la dependencia. Lo que debería promover una vida autónoma e independiente se convierte en perpetuar la vida dependiente de un entorno familiar al que se exige sacrificios desmedidos, o dependiente de un entorno profesional propenso al trato frio y homogéneo de los individuos a su cargo. Así, la prestación por asistencia personal ha pasado a ser residual respecto al servicio prestado por otras prestaciones.

De hecho sobra todo razonamiento cuando de lo que se trata es de la necesidad de cumplir una ley. Es una ley de mínimos, siempre mejorables por las diferentes entidades autonómicas y locales. Dicha ley tiene grandes defectos y presenta enormes lagunas, pero es concreta y le da a cada comunidad autónoma las competencias necesarias.

Por tanto, se hace obligatorio comparar lo que ocurre entre distintas comunidades para ver las desigualdades existentes en nuestro territorio. Afirmar que en países nórdicos como Suecia la asistencia personal está mucho más desarrollada que en España resulta algo extemporáneo, sin embargo, no está fuera de lugar decir que en el País Vasco hay unas 1.100 personas que disfrutan del derecho a la asistencia personal (donde se dan facilidades para contratar servicios y ayudas económicas para hacerse con el mismo) mientras que en comunidades como la andaluza donde hay enormes restricciones en cuanto a edad, tipo de diversidad funcional y no hay mejoras dinerarias, 15 personas gozan del derecho a la asistencia personal. Luego encontramos comunidades donde esta posibilidad está simplemente vetada.

Ante un desolador panorama de desigualdad y trabas, cabe preguntarse si, a este respecto, existe una auténtica libertad de elección. Me temo que la respuesta es que no.

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Protagonistas en el aula

5 Jun

El fondo de la cuestión radica en quién se coloca en el centro del sistema educativo. Por un lado, y como viene siendo habitual, se coloca a la propia escuela. También se sitúa a la administración educativa, por otro lado se pone en ese lugar de privilegio a los profesores. Hay padres que pretenden ser protagonistas de la educación escolar de sus niños. Y así cada cual arrima el ascua a su sardina y todos olvidan que el propósito de que exista una escuela, un sistema y diferentes administraciones educativas, y unos maestros son los propios niños. Es una visión del mundo rebatible sin duda, pero pienso que el centro de esta escena lo debe ocupar el alumnado. En este sentido, no podemos olvidar la relevancia de sus padres y familiares, pero el protagonista indiscutible de esta película es el alumno.

Todo el mundo dice, porque pretende creer en ello, que el proyecto de sociedad que tenemos debe ser tan bueno como el sistema educativo que poseemos. En mi humilde opinión nadie  quiere vivir en una sociedad mediocre con un sistema educativo mediocre y unos ciudadanos igualmente mediocres. Por tanto la calidad educativa es prácticamente un imperativo. Así, no le puede servir de escudo a ningún elemento primordial de nuestro sistema la comodidad en la que nos hemos instalado. Podría encontrarse un parapeto similar, pero la pretensión es mejorar a todos los partícipes de nuestra comunidad.

Por supuesto se hace necesario mirar al pasado para aprender de nuestros errores con el objetivo de no volver a repetirlos en el futuro. Antes bien, en la actualidad se observa el tiempo pasado y se ahonda en problemas que deberían afrontarse con valentía. Nadie parece tener en cuenta a la hora de legislar acerca de la educación los tratados internacionales del niño y de las personas con diversidad funcional a los que estamos obligados todos los que jugamos cierto papel en el aprendizaje inclusivo de nuestros pequeños.

Por poner dos ejemplos hablaré de que, con la aparición de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación cada día se convierte en más imprescindible la figura del profesor-maestro, cuya función pasa ahora a ser la de acompañante en el camino que emprende el alumno a su cargo. También y como corolario de lo anterior, habría que mencionar que el periodo educativo no supone un paréntesis en la vida de nadie durante el cual se da una preparación para la vida. Por el contrario, este tiempo forma parte integrante de la propia vida. Resumiendo, no se trata de una nota al pie en la vida de nadie sino de un capítulo en la misma.

Como parte integrante de ella, no se debe intentar la construcción de unos ciudadanos homogéneos, puesto que la sociedad no es, ni mucho menos, homogénea. Más que heterogénea, se sitúa en el plano de la diversidad. Por tanto, es insano y nocivo separar a las personas desde su edad más temprana enmarcándolas en artificiales compartimentos estancos. La escuela y la sociedad se asemejan a dos espejos que se reflejan mutuamente, de tal modo que lo que ocurre en una sucede en la otra. Inevitablemente, la mejora en una lleva al progreso de la otra.

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La discriminación es…como un toro

2 Jun

En realidad, el problema comenzó mucho antes. Ignoro exactamente cuándo, pero ahora me pregunto si de verdad no existe algún tipo de discriminación contra el alumno con diversidad funcional en la universidad. Pero en concreto la historia se inició cuando recibí una carta procedente de la universidad de Málaga. En ella se me notificaba de dos cosas. La primera era que debía pagar las tasas correspondientes para el curso siguiente si quería continuar redactando la tesis conducente a la obtención del título de doctor. En segundo lugar se me anunciaba que el plazo para defender dicho escrito finalizaba en Septiembre de 2.016.

Mi contestación a dicha misiva fue, lo admito, un poco subida de tono aunque disimulaba la ira que en esos momentos me embargaba. Pero no se trata aquí de contarles mis variables estados de ánimo. Intentaré, pues, resumir en breves líneas el contenido de mi respuesta. Le contesté a mi interlocutor que había acudido con ese asunto a diferentes autoridades de su entidad. Añadí que esta institución estaba plagada de incumplimientos de la normativa vigente de accesibilidad a los bienes y servicios, que el tiempo había pasado desde mi última reclamación y que a pesar de todo ello, no veía ninguna voluntad de cambiar el statu quo. Por último me preguntaba en voz alta y de forma más bien retórica si en realidad no se pretendía que personas con necesidades importantes de apoyos externos no lográramos ese título tan preciado por algunos.

A grandes rasgos, en su réplica se me invitaba a hacer algunas gestiones a través de organismos con los que había tratado anteriormente. Destaco el servicio al alumno con discapacidad y el profesor (a estas alturas ya jubilado y, que yo sepa, desaparecido en combate) que me había estado tutelando este trabajo.

Lo cierto es que mi contrarréplica fue sencilla y mostraba hastío, cansancio y desmotivación. Así pues, simplemente le cité el fragmento de una publicación que hablaba lo de los obstáculos extra a los que nos enfrentamos ciertas personas y el desánimo que en nosotros cunde. Nada más lejos de mi intención que involucrar a terceras personas en mis asuntos, y no me veía yo con fuerzas suficientes para remover cielo y tierra antes de comenzar a elaborar un trabajo.

La clave, creo yo, está en la voluntad o falta de ella para realizar determinados ajustes necesarios para que los estudiantes que precisamos de ellos podamos cumplir nuestra labor. Esto es, en un contrato intervienen, al menos, dos partes. Ambas partes están sujetas a algunos derechos y deberes. Por parte del alumno en cuestión, su cometido es acometer y finalizar un escrito decente y defendible. Por parte de la institución correspondiente, no es razonable poner piedras en el camino de su contraparte.

Sucede que una de las partes contratantes tiene la sartén por el mango y se permite impunemente incumplir su parte del convenio. Consigue con esto limitar futuras carreras docentes o investigadoras de las que tanto precisa nuestro maltrecho país. Una vez más se demuestra que, pese a las excepciones, Goliat vence a David sin darse cuenta de que convirtiéndose en aliados su fuerza se ampliaría en gran medida. En esta ocasión Goliat se transforma en una pared insensible a todo cabezazo propinado por individuos como David.

La suerte y obligación que tenemos algunos es que podemos contar estas injusticias. Eso me lleva a concluir cuánto peor sobreviven quienes no pueden narrar lo que les sucede en diferentes etapas educativas. Las atrocidades producidas por el sistema a niños con diversidad funcional son realmente preocupantes.

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Educación y zorros

16 Abr

Iba a comenzar esta reflexión afirmando que una persona o grupo de ellas que tiene el país hecho unos zorros no tiene autoridad moral ni capacidad para dictar norma alguna que pretenda educar a los futuros ciudadanos. En cambio esto sería un poco como nadar a favor de la corriente actual. Sería fácil decir que si Rajoy esto, que si Rubalcaba aquello, que si Wert lo otro y así. Pero ya digo: eso sería lo sencillo, y uno por desgracia para él escogió una opción entre las tres que le ofrecía la vida. Las tres opciones son las siguientes: ser objeto pasivo y aceptarlo todo tal como viene, quejarse de vicio de Rajoy, Rubalcaba y Wert sin más fin que el de la pura pataleta, y darse cabezazos contra la pared hasta reventar una u otra porque se va contracorriente, ofreciendo razones con las que se puede discrepar por supuesto, intentando cambiar, en la medida de sus posibilidades, la realidad que nos rodea. En su día, quizá erróneamente, escogí la tercera opción, y ahora no me sé apear del burro.

Me voy a referir a la Ley Orgánica para la mejora de la calidad educativa (LOMCE). El borrador mas reciente que he leído data de Febrero y aparte de que su preámbulo afirma que pretende mejorar la calidad educativa como dice su nombre, enseguida aparece un término que, cuanto menos, sorprende y resulta sospechoso. La palabra en cuestión es empleabilidad, que no desaparece en todo el articulado de la Ley.

Y esto me hace cuestionarme si se considera que la educación mejora en tanto en cuanto los niveles de empleo también mejoran. Lo cual me lleva a otra cuestión, que muchos sabios probablemente apolillados, con monóculo y fumadores de pipa, se han preguntado antes que yo: se trata de lo que entendemos por calidad educativa. Porque, créanlo o no, hay divergencias entre los sabios y expertos a la hora de responder a esa duda. Según esta Ley Orgánica, parece que calidad y empleabilidad forman un tándem inseparable. Según otros la calidad educativa será otras cosas, no depende tanto de la creación de empleo.

Mucho se habla, por ejemplo, del mérito, la disciplina, la autoridad y la constancia. Y esto está bien, pero la palabra “constancia” me recuerda insistentemente al término “reincidencia”: la constancia o reincidencia en lo malo no desemboca en lo bueno, digo yo. Luego, habría que hablar de autoridad, porque ella no se da, sino que se gana: entiendo yo que la autoridad no es algo que se otorga con el título de profesor o maestro, más bien es una especie de respeto que se adquiere con las acciones personales a lo largo de una carrera profesional. En cuanto a disciplina recuerda un poco a épocas pretéritas con látigos y castigos corporales incluidos, o bien esta disciplina se consigue con una motivación adecuada, en la que el aprendizaje sea visto como relevante y pertinente a la vida cotidiana del alumnado y no lo contrario. En la que el trabajo del profesorado no se vea distraído por labores policiales, administrativas o burocráticas. En lo referente al mérito, hay quien lo ve como éxito en las materias académicas habituales y hay quienes lo vemos como éxito en adquirir otras cosas.

¿Pero qué son esas otras cosas? Hay corrientes que hablan de que hay que valorar (no tanto evaluar) los conocimientos, competencias, valores y actitudes con las que afrontar el futuro. Puede que el mérito radique en descubrir cuáles son las actitudes, valores, etc. que a cada cual más convienen sin desdeñar que hay vida más allá de los conocimientos académicos, pues también cuentan la creatividad y la emotividad, valores que no cotizan al alza últimamente.

Nada de esto es insignificante: es gran tarea despertar el ansia por adquirir diferentes saberes. Y como dice Antonio, hay que hacerlo compartiendo mocos, babas y bocatas de Nocilla.

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Seguro que no

8 Abr

A veces a uno le da por sentirse muerto. Por suerte para mí, esto no sucede con mucha frecuencia. Pero ocurre especialmente cuando pasan los días y no acontece nada. Más concretamente cuando uno no realiza ninguna acción. En realidad uno respira, y es consciente de estar vivo, pero también sabe que no está cabalgando.

Esa sensación me dio hace poco con ocasión de pasar por el quirófano y transcurrir un par de jornadas en las que no había relación entre mi interior y el mundo exterior, por muy hostil que me pueda resultar en ocasiones.

El paso por la ITV no fue nada del otro mundo en realidad. Lo cierto es que fue algo más bien molesto que doloroso en sí. La intervención propiamente dicha no superaría los 20 minutos. La recuperación, mal humor incluido, tarda un poco más (pero tampoco hay que pasarse). La verdad es que ni siquiera me ingresaron ni me durmieron, sólo recuerdo que tenía frío en los pies (cosa habitual por otro lado) y que a pesar de que ese día hubo que madrugar, a la hora del almuerzo ya me encontraba en mi domicilio. No tenía mucha hambre, todo hay que decirlo.

Para una persona que vive de prestado, el tiempo vale realmente (no metafóricamente ni nada de eso) su peso en oro. Por tanto, el mero hecho de haber empleado una mañana en una actividad fuera de lo planeado ya es molesto en sí. Si a todo esto añadimos que me falta tiempo para realizar mis tareas habituales, quizás se comprenda mejor el estado de ánimo en el que me he encontrado estos últimos días. Todo esto me ha hecho observar actitudes y acciones ajenas que quizá a otros les parecerían minucias pero que uno magnifica como si las estuviera examinando con un microscopio.

De este modo recordé que recientemente había telefoneado a una pintora para ir a ver su nueva exhibición. Y entonces se me clavó en el alma su contestación, tan natural que hasta dolió como una punzada. “Si quieres te mando alguna foto, el edificio tiene escaleras y no está adaptado a minusválidos como tú”. Fue su breve respuesta. No es que yo me muriera de ganas por ir a ver su trabajo, sino que cuando puedo me aseguro de que el lugar al que voy a acudir es medio potable antes de mover al regimiento habitual necesario para desplazarme a cualquier sitio.

Tras menos de una semana de pasar por el taller, volví a que revisaran si habían hecho un buen trabajo. Mi difunto abuelo decía “la cura va bien, pero el ojo lo pierde” y yo me reía. Parece que en esta ocasión el ojo se va a quedar en su sitio. Los hay que nacen con estrellas y los hay que nacen estrellados.

Pero antes de que me siga dispersando, añadiré que estando sentado, como habitualmente, en mi sitio habitual, como habitualmente, llamaron por teléfono para intentar colarme un seguro de vida. La mujer al otro lado de la línea, cumpliendo su labor y buscando ganarse el pan suyo de cada día, hizo las preguntas habituales: que cuál era mi edad, que si tenía un puesto de trabajo (no), que si el domicilio donde me cobijo es mío (no), y eso. Todo le parecía bien, y me consideraba apto para obtener el seguro. Sin embargo, todo cambió en un segundo.

Preguntarme que si tengo una discapacidad, contestar que sí y replicar que no podía en ese caso considerarme para la póliza fue todo un uno, un visto y no visto, un movimiento digno de un prestidigitador. El humor de perros que suelo tener, y que esos días se hallaba exacerbado, quedó patidifuso en cuestión de segundos. ¿Discriminación? Nooooo.Imagen

Rechazo a lo diferente

24 Feb

Conviene que nos preguntemos el tipo de educación que deseamos para nuestros chicos. A lo mejor no deseamos tener una educación inclusiva, sino mantener el actual sistema en el que cada uno permanece separado y dentro de su propia burbuja, ajeno a lo que ocurre fuera de ella. Y dependiendo del sistema educativo que queremos se deriva el tipo de sociedad que proyectamos, tenemos en mente, a la que aspiramos.

Lo cierto es que toda medida en el campo de la enseñanza se refleja en el terreno político, y no es de recibo, de ninguna manera, que los últimos años (desde la transición) hayan sido testigos de numerosos cambios supuestamente todos a peor. En realidad las transformaciones educativas deben plantearse para un periodo medio o un plazo largo, tan ilógico es mantener el mismo sistema durante 160 años como establecer uno nuevo cada 5. Lamentablemente, vemos que los tiempos se reducen y la miopía aumenta. De este modo, se desorientan profesores, padres y alumnos con  y sin diversidad funcional. Reina el desconcierto y así nos luce el pelo.

En estos tiempos en los que se habla tanto de mangantes, es menester recordar que los niños en ocasiones escuchan a sus mayores, con menos frecuencia hacen lo que dicen sus mayores, pero casi siempre hacen lo que hacen sus mayores. En ese sentido, cobra mayor importancia el papel ejemplar que tenemos los adultos. No es cuestión de cebarse con los supuestos males que produce la casta política, basta con fijarse en una madre que cruza la calle a 15 metros de distancia del semáforo más cercano, su hija le llama la atención sobre este hecho, pero la madre prácticamente la arrastra a cruzar la calzada. También habría que contabilizar el número de conductores que circulan con el cinturón de seguridad puesto. ¿Y quién no ha visto a un hombre tirar un paquete de tabaco al suelo teniendo la papelera a su lado?

Ya en la década de los 50, en Estados Unidos, la decisión de la corte suprema sobre el juicio Brown contra el consejo de educación de Topeka, Arkansas obligaba a las escuelas a admitir en sus aulas a alumnos de raza negra derribando así una absurda tradición según la cual los estudiantes de diferente color tenían que acudir a escuelas segregadas. Este veredicto echaba por tierra un corpus legislativo que propiciaba la separación.

Obviamente el proyecto de sociedad que auspiciaba ese sistema segregador no era el más adecuado. En cambio, durante años los alumnos habían visto y sufrido la actuación de sus mayores al respecto. Esa ha sido la herencia que han recibido y está claro que tanto victimas como verdugos han salido perdiendo.

En alguna ocasión he comentado que, cuando nos referimos a la tribu, en ella se incluye al profesorado, padres, alumnos, autoridades administrativas del centro, vecindario, policía de barrio, etc. Si bien es difícil coordinar la labor de profesorado, familia y alumnado (rara vez se consigue esa alianza), mucha más complicación presenta aunar los esfuerzos de todos los elementos involucrados en la maduración del niño.

A pesar de que la integración de muchachos de distintas razas o de niñas ha supuesto mínimos cambios en los programas educativos y ha enriquecido a todas las partes implicadas, recientemente esta burbuja pretende englobar también al alumnado con diversidad funcional. Es posible que el reto planteado por la inclusión de estos niños sea superior a la capacidad de absorberlos por parte de la comunidad y la escuela. Esta es la única explicación plausible para que el rechazo a la inclusión de estos niños sea tan feroz.

Conviene no olvidar que la educación inclusiva solamente forma un capítulo dentro de toda la vida de las personas. De momento, el fracaso se hace patente.

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Esperanza pasajera

3 Feb

Otra vez se nubla el día

tras largos meses de sequía.

No sé qué es peor,

el temor que acompaña a la esperanza

o el no haber lugar el temor.

 

“Llegad nubes benditas,

bienvenidas seáis,

regad las avenidas,

hasta entonces no os vayáis”.

 

Así rezan en las ermitas

tanto niñas como abuelas

todas encendiendo velas

a sus santas preferidas.

 

Y el pastor y el labrador,

ellos miran arriba

y el sol se esconde.

Se vuelve gris el campo.

 

Otra vez

el cielo no responde.

Otra vez

secas las almas.